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lunes, 16 de diciembre de 2013

Úlceras por presión

Las úlceras por presión son lesiones cutáneas que se producen como consecuencia de una falta de irrigación sanguínea y de una irritación de la piel que recubre una prominencia ósea, en las zonas en las que ésta ha estado presionada por una cama, silla de ruedas, molde, férula u otro objeto rígido durante un período prolongado.

La piel cuenta con una rica irrigación sanguínea que lleva oxígeno a todas sus capas. Si esa irrigación se interrumpe durante más de 2 o 3 horas, la piel muere, comenzando por su capa externa, la epidermis. Una causa frecuente de irrigación sanguínea reducida en la piel es la presión. El movimiento normal hace variar la presión, para que la circulación sanguínea no quede obstruida durante un largo período. La capa de grasa debajo de la piel, especialmente sobre las prominencias óseas, actúa a modo de almohadilla y evita que los vasos sanguíneos se cierren.

Las personas que no pueden moverse tienen mayor riesgo de desarrollar úlceras por presión. Este grupo comprende las personas paralizadas, muy debilitadas o recluidas. También son susceptibles las que no son capaces de sentir malestar o dolor, señales éstos que inducen al movimiento. La lesión de un nervio (por una herida, un golpe, diabetes u otras causas) disminuye la capacidad de sentir dolor. Un coma también puede disminuir esta capacidad de percepción. Las personas con desnutrición carecen de la capa de grasa protectora y su piel, privada de nutrientes esenciales, no cura correctamente. En estas personas además se ve aumentado el riesgo de desarrollar úlceras por presión. 

Si la presión interrumpe el riego sanguíneo, la zona de piel privada de oxígeno al inicio se enrojece e inflama y, a continuación, se ulcera. Aunque la circulación sanguínea quede sólo parcialmente interrumpida, la fricción y otra clase de daño a la capa externa de la piel también puede causar úlceras. Los vestidos inapropiados, las sábanas arrugadas o la fricción de los zapatos contra la piel pueden contribuir a lesionarla. La prolongada exposición a la humedad puede dañar la superficie de la piel, haciendo muy probable la úlcera por presión.

Habitualmente, las úlceras por presión causan cierto dolor y picor y en las personas con sensibilidad afectada se pueden desarrollar incluso úlceras graves y profundas sin que se note dolor. 

Las úlceras por presión se clasifican por estadios. En el estadio 1 la úlcera no está formada realmente; la piel intacta está simplemente enrojecida. En el estadio 2, la piel está enrojecida e inflamada, muchas veces con ampollas, y comienza su destrucción en sus capas más externas. En el estadio 3, la úlcera se ha abierto al exterior a través de la piel, dejando expuestas las capas más profundas. En el estadio 4, la úlcera se extiende profundamente a través de la piel y la grasa hasta el músculo. En el estadio 5 el mismo músculo queda destruido. En el estadio 6, el más profundo de los estadios de úlcera por presión, se observa incluso el hueso subyacente, dañado y a veces infectado. En cuanto la piel se rompe, la infección se convierte en un problema, ya que, retrasa la curación de las úlceras superficiales y puede constituir una amenaza mortal en las úlceras más profundas.
 
La prevención de las úlceras frecuentemente implica la participación de asistentes y de familiares, además de las enfermeras. La cuidadosa inspección diaria de la piel de las personas encamadas permite detectar el enrojecimiento inicial. Cualquier signo de enrojecimiento señala la necesidad de una acción inmediata para evitar que se rompa la piel. 
 
Las prominencias óseas pueden protegerse con materiales blandos, como algodón o lana esponjosa. Se pueden poner almohadillas a las camas, sillas y sillas de ruedas para reducir la presión. Quienes no pueden moverse por sí solos deben ser cambiados de posición con frecuencia; la recomendación habitual es hacerlo cada dos horas y mantener su piel limpia y seca. Quienes deben pasar mucho tiempo encamados pueden usar colchones especiales (llenos de aire o de agua). Para los pacientes que ya presentan úlceras por presión en distintas partes del cuerpo, el uso de colchones de aire o de gomaspuma con relieve, puede disminuir la presión y proporcionar alivio. Los que tienen muchas úlceras por presión profundas pueden necesitar un colchón con suspensión de aire. 

Tratar una úlcera por presión es mucho más difícil que prevenirla. Afortunadamente, en sus primeras etapas, las úlceras por decúbito suelen curarse por sí solas una vez que se elimina la presión sobre la piel. Mejorar la salud general tomando suplementos de proteínas y calorías puede ayudar a acelerar la curación. 

Cuando la piel se rompe, protegerla con un apósito de gasa puede ayudar a curarla. Las gasas cubiertas de teflón o las impregnadas con gelatina de petróleo tienen la ventaja de no adherirse a la herida. En caso de úlceras más profundas, el uso de vendajes especiales que contienen un material gelatinoso puede favorecer el crecimiento de piel nueva. Si la úlcera parece infectada o supura, enjuagarla, lavarla suavemente con jabón o usar desinfectantes como el yodo de povidona puede eliminar el material infectado y muerto. Sin embargo, limpiarla con demasiada fricción puede retrasar la curación. En ocasiones el médico necesita eliminar (desbridar) el material muerto con un escalpelo. En lugar de éste pueden utilizarse agentes químicos, pero por lo general su efecto no es tan completo como el que se obtiene utilizando un escalpelo.

Las úlceras por presión son difíciles de tratar. En algunos casos requieren el trasplante de piel sana a la zona dañada. Por desgracia este tipo de cirugía no siempre es posible, especialmente en los ancianos frágiles que presentan desnutrición. Con frecuencia, si una infección se desarrolla en lo más profundo de una úlcera se administran antibióticos. Los huesos situados por debajo de una úlcera se pueden infectar; esta infección (osteomielitis) es extremadamente difícil de curar, puede pasar a la corriente sanguínea y extenderse a otros órganos, haciendo necesario el tratamiento con un antibiótico durante muchas semanas.

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Amputación

La amputación es un procedimiento quirúrgico que comprende la extirpación de una extremidad/miembro (brazo o pierna) o parte de un miembro (como un dedo del pie, de la mano, un pie o una mano), en general como consecuencia de una lesión, enfermedad, infección o cirugía (para la extirpación de tumores de los huesos y músculos). En Estados Unidos, aproximadamente 1.8 millones de personas han tenido amputaciones. La amputación de la pierna es el tipo de procedimiento de amputación que se realiza con más frecuencia.

La causa más frecuente de amputación es una mala circulación. El estrechamiento y el daño a las arterias provoca la falta de circulación, esto se conoce también como enfermedad arterial periférica. Aproximadamente entre 8 y 12 millones de personas tienen enfermedad arterial periférica y el 75 por ciento no presenta síntomas. La enfermedad arterial periférica, que se presenta con mayor frecuencia en personas entre 50 y 75 años de edad, generalmente es consecuencia de la diabetes o de la aterosclerosis. Cuando los vasos sanguíneos se dañan y el flujo sanguíneo se deteriora en las extremidades, el tejido comienza a morir y puede infectarse.

La enfermedad arterial periférica avanzada generalmente se trata mediante otros métodos. No obstante, es posible que sea necesaria una amputación en algunas personas. La enfermedad vascular periférica con o sin diabetes es la indicación más común de amputación. Las causas relacionadas con la enfermedad vascular periférica constituyen hasta un 90 por ciento de todas las amputaciones.

Otras indicaciones de amputación incluyen una lesión traumática, como una quemadura grave o un accidente, o un tumor cancerígeno en una extremidad. Un traumatismo es una de las principales indicaciones de amputaciones en personas más jóvenes. También puede realizarse una amputación en caso de infecciones agudas o crónicas que no respondan a los antibióticos o desbridamiento quirúrgico. En algunos casos, es posible que se realice un procedimiento de amputación debido a un neuroma, congelación, u obstrucción arterial.

Los pacientes con diabetes, afecciones cardíacas, o infecciones presentan un mayor riesgo de tener complicaciones en una amputación que las personas que no presentan estas condiciones. Las lesiones traumáticas graves aumentan el riesgo de complicaciones. Además, es más probable que las personas a las cuales se les realiza una amputación por encima de la rodilla tengan un estado de salud deteriorado, con lo cual, estas cirugías pueden ser más riesgosas que las amputaciones por debajo de la rodilla.

Al igual que con cualquier procedimiento quirúrgico, pueden surgir complicaciones. Algunas complicaciones posibles que pueden presentarse específicamente con un procedimiento de amputación incluyen deformidad de la articulación, hematoma, infección, abertura de la herida, o necrosis. La trombosis venosa profunda y la embolia pulmonar constituyen un riesgo después de una amputación principalmente debido a la inmovilización prolongada después de la cirugía. Es posible que existan otros riesgos dependiendo de su estado de salud específico.

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